Aprendiendo a patinar

Hace mes y medio que decidí enseñarte a patinar sobre hielo, ¿Por qué? Creo que siento la necesidad de enseñarte todo lo que se hacer y explorar tus gustos, no lo sé, quizá fueras una patinadora nata en potencia y no lo sabría sino te enseñaba.

El primer día, tu carita de miedo, de no poder sostenerte en tus pies, tus palabras diciéndome que te cargará porque no podías hacerlo, me rompían el corazón, pero también te conozco y sé que tienes esa característica de personalidad de querer hacer las cosas bien a la primera, sé que te da miedo el no saber hacerlo y evalúas todo a tu alrededor para hacerlo sin errores, característica que heredaste de tu mami, ese día salimos 30 minutos después de haber comenzado, y yo no sabía que sentir, quería que lo disfrutaras, pero no lo estabas haciendo y ese día termino pronto.

El segundo día fue diferente, te lleve de nuevo y tu carita confundida y preguntando por qué tenemos que hacerlo me provocaba un sentimiento de culpa por llevarte de nuevo, pero tenías que intentarlo nuevamente, esta vez entraste más confiada, tomaste unos cuantos botes y los empujaste por la pista, ahora te divertías dando vueltas sobre ellos, eso te dio mayor seguridad y ahí descubriste que era divertido, ese día también vimos cómo limpiaban la pista y volvimos a entrar, por unos cuantos momentos me permitiste sostener tus manos y llevarte a patinar, me dijiste, es divertido y gritabas yujuuu!!! Deslizando tus pies y dejándote caer, mi espalda no gritaba yujuuu cuando lo hacías, sino auch!!! Esto no estará bien más tarde. Y ese día logramos tener 2 horas patinando, entre que te deslizabas por los botes y entre que te columpiabas entre mis piernas, pero saliste feliz.

El tercer día, te sentías más confiada, te noté segura de ti misma, tomaste los botes al principio y ahora los empujabas pero tratabas de patinar, después lo hiciste sin el bote, comenzabas a caminar y yo iba atrás de ti a cada instante y cuando te resbalabas te tomaba antes de caer y te levantaba para que siguieras patinando, noté algo importante mientras lo hacías, cada que te caías era porque volteabas a ver si estaba detrás de ti, cada que volteabas te caías y yo estaba ahí para evitarlo, lo hiciste muchas veces y siempre era la misma situación, pero de pronto lograste hacer una patinada sin caerte de pared a pared y yo estaba muy alegre por ti, mi niña estaba aprendiendo a patinar, hasta le pedí a otra persona que grabara ese momento donde eran tus primeros deslizamientos, me hiciste sentir muy orgulloso. Ese día salimos tan contentos y ti estabas tan alegre que preguntaste cuando regresaríamos. Pronto mi amor, pronto regresaremos.

El cuarto día o la cuarta sesión, todo fue diferente, llegaste con esa actitud de divertirte, con esa seguridad que te dio tu tercera vez, sin embargo, comenzaste con los botes nuevamente, pero más dueña de la situación, tanto que te caíste un par de ocasiones con todo y los botes, pero cuando te pedí comenzaras a patinar, lo hiciste, esta vez podías patinar distancias más largas y yo iba detrás tuyo por si caías, pero no lo hiciste y sabes por qué fue? Porque ya no volteabas a ver si iba detrás tuyo, sabias que ahí estaría cuando resbalaras para sostenerte y levantarte, poco a poco agarraste más confianza y te deje ir alejando un poco más y un poco más hasta que lo hiciste tú sola, sin caídas y cada que volteabas ahí estaba yo diciéndote que estaba orgulloso de ti y dándote un pulgar arriba porque lo hiciste excelente, de pronto tu primer caída, tu carita fue de decepción y me hiciste pulgar abajo, pero yo te sonreí y tu cambiaste tu expresión, yo te volví a dar pulgar arriba, te levantaste y volviste a patinar, ahora ya sabias lo que dolía caer, pero también te diste cuenta que te ayudaría a levantar y te preguntaría si estabas bien, si me decías que si, solo te daba mi mano para ayudarte a levantar o te animaba a que tú lo hicieras sola, solo diciéndote la técnica y así fue, después de tres caídas ya sabias como levantarte tu misma. Esa cuarta sesión fue larga casi 3 horas patinando.

Ahora después de esto, me doy cuenta que mi intención no era enseñarte a patinar, quería decirte lo que no se expresar con palabras, decirte que siempre estaré detrás tuyo para amortiguar tu caída, que confío en ti y en tu potencial, que allí estaré para darte ese pulgar arriba, porque allí estaré para darte la mano para ayudarte y allí estaré para ver cómo emprendes tu camino, con la mirada atenta a cada paso que des, pero dejando que tengas tus propios tropiezos.

Hoy descubrí que el amor de Papá a veces no se expresa, solo se vive, gracias por darme vida mi pequeña Sofia.

Te digo un secreto…. TE AMOOOOOOO!!!

Con amor tu Papi.

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